lunes, 9 de enero de 2012

//4.1.1 Concepciones del poder: Nicolás Maquiavelo

Nicolás Maquiavelo rompe con los eufemismos, considerando que los elementos vitales de la actividad política no podían ser controlados ni orientados sin aplicar la fuerza o al menos la amenaza de violencia. La función del político es, inevitablemente, aplicar violencia. Los gobernantes a lo más que podrían contribuir es al administrar la violencia, por medio de una ciencia de la aplicación controlada de la fuerza, cuya tarea sería proteger el límite que separaba la creatividad política de la destrucción, mediante la dosis precisa adecuada para situaciones específicas. Maquiavelo opuesto a las teorías utópicas, consideraba al hombre como malvado, por naturaleza, ante esto la única opción es la del estado como medio para vencer el individualismo, y poder ser organizado para un bien común. Contrario a Petrarca cuando éste sostiene que en el arte de gobernar es mejor ser amado que temido: "Nada hay más estúpido, nada más ajeno a la estabilidad del principado que ser temido por todos"[1]. Enemigo de lo políticamente correcto Maquiavelo revela y plantea sin ningún problema, los fundamentos políticos que nos rigen, y que posteriormente serán cubiertos, disfrazados, escondidos y negados por el poder.

[1] Francisco Piñón Gaytán, Filosofía y fenomenológia del poder (Plaza y Valdéz, 2003).




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